Gorda.
Gordadeloscojones.
Uno de los elementos más odiados de la “fauna urbana”. Esa persona que camina lentamente por el centro de la acera, a su ritmo, sin importarle la prisa que tengan los demás, resentida, incomprendida, vengativa, hijadeputa.
Esa persona que habla con voz de pito, usando coletillas y frases hechas, que te mira de reojo, como con hambre, que siempre quiere tener la última palabra y te lleva la contraria en todo, que cree que el mundo debe estar a sus órdenes.
Ese tipo de gorda.
- Oprah, una de las gordas más peligrosas de la historia de la humanidad. En USA, cuando habla, sube el pan. También es crítico literario, lo que en el fondo, lo explica todo.
A la gorda de los cojones se reconoce fácilmente, es una persona a la que le gusta ser el centro de atención, disfruta sintiéndose rodeada de gente, aún a pesar de esa gente. Jodiéndoles la vida, criticándoles, haciéndoles saber que es superior, que tiene el poder.
No necesariamente tiene que estar obesa. Para ser una gorda de los cojones basta con estar rellenita. Es más gorda por personalidad que por apariencia. Una gorda superlativa. Platón habló de ellas en la metáfora de la cueva, que es de donde nunca debieron salir.
- Björk, una chica semidelgada, un alma de gorda de los cojones.
No debemos confundirla con la gorda simpática. Una gorda simpática es entrañable, divertida, amable. Disfruta de sus lorzas y quiere que disfrute el resto de la humanidad de ellas. Las gordas de Gurruchaga, vaya.
Ahora, en Vigo, estamos en obras. Normalmente la ciudad parece un campo de batalla pero siempre que se acercan las elecciones acaba pareciéndose a Vietnam. Los políticos en Vigo, y en general, son así. Qué le vamos a hacer.
La gorda de los cojones disfruta en este ambiente, usa su enorme fuerza de gravedad para recolectar satélites que la siguen resignados a través de calles mutiladas por zanjas y vallas.
Ayer pude disfrutar de una gorda de los cojones en todo su esplendor, de principio a fin, en la calle Pi y Margall de Vigo.
Quince minutos de camino, a golpe de reloj, en los que el menda y seis personas más disfrutamos de una persona con problemas de sobrepeso y exceso de ganas de tocar las narices que tuvo el cuajo de poner como excusas para no dejarnos adelantarla que la calle era de todos y que ella hacía lo que le daba la gana o que era un día demasiado bonito como para caminar con prisa.
¡Ojalá adelgaces y pierdas todos tus poderes!


















